Tal como habíamos dicho en capítulos anteriores (concretamente en el post anterior) este fin de semana lo dedicamos a investigar los lugares más recónditos y alejados de la costa posibles. Aquí hace un calor que no se para (no sé si sólo por cuestión natural del sol, o es que si los humos de los coches también ayudan a que el calor que aquí se nota sea inaguantable). El caso es que es que nos hemos recorrido la zona interior en busca de nuevas sensaciones térmicas (la brisa y esas cosas). De paso, hemos conocido sitios nuevos.
En lugar del bus, volvimos a algo tan tradicional en Francia como el tren (a pesar de que mis últimos recuerdos en este país con este medio de transporte no eran excesivamente buenos). En fin, que había que dar una oportunidad a la SNCF (lo que para nosotros es RENFE) de recuperar su buena imagen.
El primer día de clase nos hablaron de un tren llamado Tren de la Maravillas (Train des Merveilles). Se trata de un tren especial que te lleva hasta casi la frontera de Francia e Italia en la zona de los Alpes. Te compras un abono para el día que cuesta 12 euros y con eso puedes viajar todo lo que quieras en esa ruta (subir y bajar las veces que desees). Al principio parece un poco caro, pero si sabes economizar bien el tiempo finalmente te das cuenta de que es una ganga.
La alianza japo-española, quedamos a las 8.40 de la mañana (he madrugado más estos dos días que el resto del mes que llevo aquí). Al final se unió también la representación suiza, que vendrá de Suiza, pero se le notan sus orígenes sudamericanos que no veas ¿puntualidad? Es un término que no existe en su diccionario (y eso que yo no soy la puntualidad personificada), el caso es que a las 8.40 todavía estábamos saliendo de casa y nos tocó correr, colarnos en un tranvía (sí, la suiza hace sacar lo peor de mi) y llegar con la lengua fuera.
Una vez comprados los billetes y pasado el control de seguridad llegamos al tren que nos llevaría hasta el pueblo de Tende. (para ver toda la ruta, pulsar "aquí" -> aunque os advierto que tendréis que girar el ordenador o la cabeza para verlo bien). El trayecto (unas dos horas) es todo comentado y a medida que vas pasando por los pueblos, la "animadora" te va contando las batallitas y anécdotas de todos los pueblos. Es como si fueras en un bus turístico de esos que te llevan por las ciudades más importantes en una visita guiada (ese tipo de bus de los que yo siempre escapo con miedo), pero en un tren. Lo más simpático era ver a la gente (de incluso unos 65 años) correr de un lado al otro del pasillo para ir buscando todo lo que por megafonía iban diciendo: a la izquierda la inglesia de no sé qué, a la derecha el lago de no sé cuanto...
Hoy por la mañana cuando sonó el despertador en realidad pensé que era una equivocación. Pero no, la vuelta al mundo real estaba ahí y yo tenía que ponerme en pie y despejarme para dar lo máximo de mi a nivel académico. Molière me esperaba.
Y por el momento estas son todas las excursions que he hecho, aprendiendo una valiosa lección: cada uno disfruta de los viajes como quiere: para la japonesa es correr y hacer fotos, para la suiza dormir en cualquier lugar que tenga un espacio en horizontal de más de 50cm de largo, y para mi sería una combinación entre esos dos extremos. Pero bueno, de todos modos ha estado muy bien.
En lugar del bus, volvimos a algo tan tradicional en Francia como el tren (a pesar de que mis últimos recuerdos en este país con este medio de transporte no eran excesivamente buenos). En fin, que había que dar una oportunidad a la SNCF (lo que para nosotros es RENFE) de recuperar su buena imagen.
El primer día de clase nos hablaron de un tren llamado Tren de la Maravillas (Train des Merveilles). Se trata de un tren especial que te lleva hasta casi la frontera de Francia e Italia en la zona de los Alpes. Te compras un abono para el día que cuesta 12 euros y con eso puedes viajar todo lo que quieras en esa ruta (subir y bajar las veces que desees). Al principio parece un poco caro, pero si sabes economizar bien el tiempo finalmente te das cuenta de que es una ganga.
La alianza japo-española, quedamos a las 8.40 de la mañana (he madrugado más estos dos días que el resto del mes que llevo aquí). Al final se unió también la representación suiza, que vendrá de Suiza, pero se le notan sus orígenes sudamericanos que no veas ¿puntualidad? Es un término que no existe en su diccionario (y eso que yo no soy la puntualidad personificada), el caso es que a las 8.40 todavía estábamos saliendo de casa y nos tocó correr, colarnos en un tranvía (sí, la suiza hace sacar lo peor de mi) y llegar con la lengua fuera.
Una vez comprados los billetes y pasado el control de seguridad llegamos al tren que nos llevaría hasta el pueblo de Tende. (para ver toda la ruta, pulsar "aquí" -> aunque os advierto que tendréis que girar el ordenador o la cabeza para verlo bien). El trayecto (unas dos horas) es todo comentado y a medida que vas pasando por los pueblos, la "animadora" te va contando las batallitas y anécdotas de todos los pueblos. Es como si fueras en un bus turístico de esos que te llevan por las ciudades más importantes en una visita guiada (ese tipo de bus de los que yo siempre escapo con miedo), pero en un tren. Lo más simpático era ver a la gente (de incluso unos 65 años) correr de un lado al otro del pasillo para ir buscando todo lo que por megafonía iban diciendo: a la izquierda la inglesia de no sé qué, a la derecha el lago de no sé cuanto...
- Tende: una vez llegados a Tende tuvimos la gran suerte de que nos coincidiera con uno de los días de la fiesta en el pueblo. La gente iba vestida con los trajes típicos regionales y acompañados de un acordeonista (cómo no) bailaban por el medio de la calle. La japonesa la pobre no sabía hacia dónde mirar o qué fotos sacar. El pueblo se recorre bastante rápido (bueno, excepto el castillo, que tardas 2 horas en ir y volver porque hay que subir a la cima de una montaña por un camino de cabras de circo). A continuación, visitamos el Museo de las Maravillas (Intuyo que el nombre del tren cogió el nombre de aquí) que es un museo de historia en la que se hace un repaso desde las civilizaciónes del... bueno, de cuando el hombre descubrió el fuego; hasta nuestros días. Mientras los japo-españoles mirábamos todos, made in suiza decidió dormir en un banco en una de las salas de exposiciones (juro que le voy a chutar una ración extra de cafeína por las mañanas, porque esto no es normal). Lo que más le sorprendió a la japonesa era cómo eran los arados antes de que existieran los tractores, y al ver aquel artefacto de madera que le expliqué que era tirado por bueyes, con los ojos tan abiertos como puede me decía ¡¿pero eso lo aprendiste en la clase de historia?! (más se sorprendió al decirle que mi abuelo manejaba uno de esos, por un momento me la imaginé pidiéndome una foto de mi abuelo para enseñársela a todo el mundo) . Del museo nos fuimos a comer (bueno, la suiza había ya comido por libre) y a probar una especialidad típica de la zona que es una especie de empanada con un relleno de puerro, calabacín y algo más que no recuerdo (pero que estaba buenísimo). Tras un postre copioso (había que recuperar las energías perdidas), volvimos a la estación para coger el siguiente tren dirección La Brigue.
- La Brigue: Aquí llegamos con 10 minutos de retraso por culpa del tren. Teníamos sólo 2 horas para visitar este pueblecito perdido entre las montañas (tan perdido, que cuando llegamos a la estación ni siquiera éramos capaces de encontrar el pueblo). Si el pueblo anterior se visitaba en 2 hora, en este en 45 minutos te lo habías recorrido entero. El sitio la verdad era muy bonito (como cuando Heidi bajaba al pueblo, pues igual), con un castillo (o lo poco que quedaba de él) y sobre todo fuentes de agua potable y fría (¡de agradecer cuando hace tanto calor!). Siguiendo con nuestra suerte, en este caso nos coincidió estar allí el fin de semana en el que hacían un mercadillo por todo el pueblo. Mi teoría es que la gente ordinaria, como tú y como yo, había sacado los trastos que tenían por casa y los habían puesto a la venta: juegos de los niños, libro que nunca nadie leyó, camisetas y zapatos, o ese frutero tan feo que tu suegra metió en casa a modo de venganza por haberte casado con su hijo/a. Mientras la japonesa visitaba el museo de artes y oficios de esa zona (es decir, cómo vivía la gente hace 50 años), los demás esperábamos tranquilamente bajo una sombra. Aunque el pueblo sea muy pequeñito, me hizo gracia que incluso aquí tienen un mapa en el que por un camino verde te van llevando por todo el pueblo. Y allá donde tengas a un/a japonés/a contigo, más te vale seguir el mapa y las indicaciones, porque si no tienen miedo de perderse lo más importante del mundo (casi entra en crisis cuando se me ocurrió sugerir atajar por una calle). Como curiosidades de este pueblo: el castillo en ruinas y un espacio destinado a la recuperación de las abejas, con colmenas tan lujosas y originales que hasta yo me planteé que si fuera abeja no sabría cuál elegir.
- Breil-Sur-Roya fue el siguiente pueblo donde nos bajamos (y a donde llegamos con 20 minutos de retraso, otro tren más que no llega a la hora ¡como no!). En este caso el lugar es conocido por estar construido a los márgenes de un río en donde se practica kayak, canoa y algo más. Lo cierto es que al verlo me dio peno no haberme llevado un bañador y una toalla porque ver a todo el mundo fresquito mientras tú te recueces en los pantalones y te planteas si ir en bolas aquí se considerará un delito... La peligrosidad del río no era demasiada, de hecho había tramos des descenso que si por culpa del peso la canoa bajaba un poco de más, chocabas contra las piedras del fondo y no podías continuar (tenías que bajarte y empujar la barca con el agua llegándote más abajo de la rodilla). Lo que es el pueblo en sí, a pesar de que nos lo habían recomendado mucho, no tenía demasiado. Eso sí, visitamos la iglesia de turno (visité más iglesias yendo con esta japonesa que en mis últimos 5 años en España) y con la lengua fuera llegamos corriendo nuevamente a la estación de tren (visita exprés al pueblo en poco menos de 1 hora).
- El últim tren nos trajo directamente a casa y de camino a la bañera, porque después de tanto paseo por las montañas perdidas que tienen por auqí, lo único que me apetecía era una laaaaarga y relajada ducha, que se tuvo que convertir en rápida y acelerada, ya que a continuació había quedado para ir a ver una peli.
Hoy por la mañana cuando sonó el despertador en realidad pensé que era una equivocación. Pero no, la vuelta al mundo real estaba ahí y yo tenía que ponerme en pie y despejarme para dar lo máximo de mi a nivel académico. Molière me esperaba.
Y por el momento estas son todas las excursions que he hecho, aprendiendo una valiosa lección: cada uno disfruta de los viajes como quiere: para la japonesa es correr y hacer fotos, para la suiza dormir en cualquier lugar que tenga un espacio en horizontal de más de 50cm de largo, y para mi sería una combinación entre esos dos extremos. Pero bueno, de todos modos ha estado muy bien.
3 comentarios:
qué guay! Por cierto, el enlace de la ruta no vaaaaaa, ya sabes q con un mapa delante me pierdo y quería ver por donde ibas...
Prueba en esta página: http://www.royabevera.com/index.php/saisonnier/train-des-merveilles.html
Y en la página que te salga, hay como dos panfletitos en pequeñito, dale a Dépliant Français (bueno, si quieres el de inglés es justo el que está al lado :) )
mmmmmm qué buena pinta la ruta!
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