sábado, 20 de agosto de 2011

La ONU se va de investigación (parte 1)

Hoy la ONU se ha ido de investigación y ruta turística. Teniendo en cuenta que estamos en la recta final hay que aprovechar los días al máximo, así que mochila al hombro este fin de semana hemos decidido que tocaba inspeccionar el interior de la región.

Para empezar nos hemos juntado la alianza suizo-japo-española a las 9 de la mañana (debería de considerarse delito madrugar un fin de semana) y nos hemos ido a visitar un pueblecito que se llama Saint-Paul-de-Vence que está más o menos a una hora en bus. No sé si en algún momento (creo que no) os había hablando del sistema de buses. El caso es que como aquí la mayoría de la gente vive fuera de las ciudades, han creado un sistema de tarifa única, por lo que todos los buses (urbanos e interurbanos) valen siempre lo mismo: 1 euro. Eso significa que puedes recorrerte todo el departamento (lo equivalente a nuestras comunidades) por esa única cantidad. Yo tengo la costumbre de hacerme un abono de transporte mensual por lo que por una cantidad insignificante cojo todo el bus/tranvía que quiero. El destino de hoy se encontraba exactamente a 1 hora (perdido entre las montañas leeeeejos del mar -lo cual con el calor que hacía en la costa o he agradecido mil-).


El pueblo en cuestión se recorre aproximadamente en unas dos o tres horas (a ritmo muy lento y con tiempo para sacar fotos). Calle arriba, calle abajo, fotografía a esta piedra y a aquella otra. Lo característico de este pueblo (entre otras cosas) es que las manillas de las puertas son todas diferentes (es decir, son artesanales, como si se trataran de piezas únicas que te puedes encontrar en una feria medieval). Sí, y aunque son tan llamativos al final no les saqué ninguna foto (soy un desastre).

Una vez terminada la visita (incluso antes de la hora de comer, y eso que aquí se come a las 12 del mediodía) le dimos un toque cultural al día y nos fuimos a visitar la Fundación Maeght (aquí podéis ver una visita virtual). Se suponía que el sitio se encontraba a sólo 800 metros de la ciudad... Sí, 800 metros hasta que encuentras el primer cartel que te indica por dónde ir. Y de ahí hasta que llegas tienes que subir una cuesta del quince bajo el sol abrasador de las 12 del mediodía (vale que no son las 3 de la tarde pero...). La teoría de este concepto de medida de los 800 metros según la chica japonesa es que calcularon trazando una línea recta, pero la realidad es que para subir vas haciendo S.

Esta fundación es un museo de iniciativa privada en donde se recogen obras de arte (pintura y escultura) del siglo XX. Entre otros artistas que os puedan sonar están: Marc Chagall -a mi me sonaba sólo el nombre- Kandinsky -larga historia para explicar de qué me sonaba el nombre de este señor- , y en especial Miró (este ya nos va sonando más a todos, ¿no? --> la foto de la derecha por la que me podrían haber detenido es de una de sus esculturas). De todos modos, lo importante para visitar este tipo de sitios no es tanto conocer de arte, sino a) poner cara de interesante, b) leer los nombres de los cuadros (es curioso como al final a veces puedes llegar a encontrar alguna relación entre el título abstracto y lo que ellos llaman arte de millones) y c) dejarse llevar. Y digo esto último porque coincidimos con una exposición del escultor Eduardo Chillida (sí, de nombre también seguramente os suena) y lo que empezó siendo un amasijo de hierros en formas circulares (que parece ser era lo que más le gustaba a este hombre), al final se transformó en esculturas talladas en marmol que mirábamos incluso con cara sorprendida (y ahí nos dimos cuenta de que nos habíamos dejado llevar, tanto que hasta nos quedamos a mirar un trozo de un vídeo en donde él mismo iba explicando su concepción del parte -y oye, ves después lo que había hecho y hasta en parte lo "entiendes").

¿Lo que más me llamó la atención?. Pues la biblioteca (que tenía un montón de libros de artes que podías ver mientras estabas allí al fresquito) y que en el museo ¡estaba permitido sacar fotos! Eso sí, previo pago de 5 euros que evidentemente nosotros no pagamos. Sin embargo, los españoles siempre tenemos que dar la nota cantante y sacar nuestro lado más picaresco (por algo inventamos el Lazarillo de Tormes), así que viendo que aparentemente no había ningún distintivo entre la gente que había pagado y la que no... con todo mi arte mientras estaba en el jardín decidí "robaros" unas cuantas imágenes para que podáis disfrutarlas.

Lo curioso fue como una hora más tarde se acercó a mi un amable señor del museo diciéndome que tenía que dejar mi mochila en la recepción pero que a la vuelta me la devolverían (hombre, sólo faltaba), mientras que el resto del mundo seguía teniendo la suya. Ahora mismo tengo la duda de si me la mandaron dejar porque realmente me vieron cara de delicuente y pensaron que en mi mochila podría meter alguna de las esculturas que medían un metro de alto y pesaban tropecientos kilos, o si se dieron cuenta de que yo estaba sacando fotos y creyeron que tenía la cámara en la mochila (lo que no sabían era que la cámara iba en mi bolsillo). Así que lejos de cabrearme agredecí el gesto del amable señor, porque me permitió pasearme por todo el museo sin tener que estar pendiente de que me robaran, y sobre todo lo más importante ¡la mochila pesaba un mundo!. El día menos pensado acabo en prisión por ir viviendo tanto al límite de las normas (uuuuh, que peligro tengo).

Y mientras la japonesa y yo visitábamos el museo, la chica suiza invertía el precio de la entrada durmiendo (literalmente) sobre un banco (y es que la noche anterior se había ido de juerga) a la sombra de un árbol. El arte es lo que tiene, cada uno lo disfruta como buenamente le parece.

Cuando terminamos decidimos irnos a comer. Para bajar entre que era cuesta abajo,que encontramos un atajo por medio de un "bosquecillo" y que llevábamos hambre, sí que los 800m fueron más factibles. Comida en un típico bar (típico por la decoración y por la comida poco elaborada -principalmente sándwiches-). Mi plato de carne picada con ensalada (que así a primeras suena bien) se convirtió realmente en un filete de carne de hamburguesa con lechuga (ni aceitunas ni nada, hojas de lechuga enteras). Pero da igual, llega un momento en el que no le haces ascos a nada...

Con el estómago lleno nos fuimos a coger el bus y de vuelta a la ciudad, en donde nada más abandonar el coche con su aire acondicionado, volvimos a la dura realidad: un calor que te mueres. Pero bueno, es el precio que hay que pagar (con gusto) por no vivir en medio de las montañas con Heidi y Marco.

Y mañana: ruta turística en tren por pueblos varios.

5 comentarios:

Ceni dijo...

jajaja.....y yo mientras montando un armario de 2m de ancho por 2,36 de alto, puertas correderas de cristales q pesan...ufff y eso el unico día de calor insoportable y sudando, sudando....además el príncipe, no quiso venir a ayudarme y me dejó solita!

Rony dijo...

Ceni, cámbiate de cuento, que lo de los príncipes se ve que ya no funciona.

Ceni dijo...

Jo, q palo, no me digas que lo de los cuentos y los príncipes no era cierto!!!!!!
=(

Rony dijo...

Eso no, pero el Ratoncito Pérez existe de verdad, el otro día vi (en algún lado) las cajitas para meterles los dientes de leche cuando se te caen, jajajja.

Ceni dijo...

ain....ahora me voy a deprimir!!! Y luego dirán que es síndrome postvacacional y no, es síndrome postprincipal!!!jajaja