Como destino de vacaciones este sitio está bien: buen clima (este año ni siquiera noto ese calor sofocante, igual me he acostumbrado), gente con un caracter más o menos similar al nuestro (al menos más similar que en comparación con los del norte) y de paso puedes practicar cualquier idioma (el tranvía parece un encuentro de la ONU). De todos modos es cierto que en comparación con el año pasado esto está más vacío aunque imagino que para la próxima semana se verá más gente. De todos modos yo parezco seguir siendo fiel a este sitio, y debe de ser que ya hay quien lo ha asumido porque este año he recibido una visita (¡y sigo aceptando más!, por si alguien se quiere apuntar). El año pasado coincidí aquí con una chica de Madrid que este año se ha venido de vacaciones en busca de trabajo, a hacerme una visita y de paso recordar "viejos" tiempos.
En teoría esta chica está viviendo con una familia con la que compartió piso el año pasado, y digo en teoría porque en la práctica está más en mi casa que en la suya (durante el día o estamos fuera o duerme en mi casa por cuestiones de logística: el transporte para llegar a su casa se acaba pronto, el taxi vale una pasta, y para colmo de males en su casa no hay agua fría, sólo a temperatura de ebullición). Así que está en régimen de asilo político en la mía con derecho a baño, su propia habitación y mi ropa. Durante el día pateamos la ciudad en busca de platos típicos (flores de calabacín rellenas, verduras rellenas, crêpes rellenas,...) y no típicos de aquí (es que el Sushi Planet de francés tenía poco pero el sitio nos había hecho gracia).
Y probando la gastronomía francesa también tuvimos la oportunidad de probar la amabilidad (aquí llamada politesse) francesa. Sí, aquí a la gente se le da por hablarle a los desconocidos, y para eso tienen una estructura y unos pasos bien aprendidos que se repiten más o menos con alguna variación en todos los contextos (terraza de un restaurante, cafetería, bar de copas, metro...), hasta empiezo a plantearme que realmente aprendan todo esto en el colegio. La secuencia más o menos sería la siguiente.
Mientras hablas en tu lengua materna (en nuestro caso español, evidentemente) alguien se te pone al lado (toalla, asiento, mesa de al lado) "sin querer". Al cabo de 5 minutos empieza el proceso:
a) apuntarlo y utilizarlo en un futuro si lo necesitas, (por el interés te quiero Andrés).
b) apuntarlo a sabiendas de que no lo utilizarás nunca, pero quedas bien, y
c) "no, no quiero tu número de teléfono, gracias" (ese gracias es importante, que se note que nosotros somos también educados).
La reacción a las dos primera situaciones del que te da su número suele ser de satisfacción (una media sonrisa), a la tercera es la incredulidad ¡no me puedo creer que no quieras mi número! seguida de una explicación por mi parte: mira, podría decirte que te voy a llamar pero no es cierto, así que directamente prefiero decirte que no lo quiero. La cara del interlocutor sigue siendo un problema. Y yo me pregunto ¿somos los españoles los raros y solo nosotros rechazamos números de teléfono?.
En teoría esta chica está viviendo con una familia con la que compartió piso el año pasado, y digo en teoría porque en la práctica está más en mi casa que en la suya (durante el día o estamos fuera o duerme en mi casa por cuestiones de logística: el transporte para llegar a su casa se acaba pronto, el taxi vale una pasta, y para colmo de males en su casa no hay agua fría, sólo a temperatura de ebullición). Así que está en régimen de asilo político en la mía con derecho a baño, su propia habitación y mi ropa. Durante el día pateamos la ciudad en busca de platos típicos (flores de calabacín rellenas, verduras rellenas, crêpes rellenas,...) y no típicos de aquí (es que el Sushi Planet de francés tenía poco pero el sitio nos había hecho gracia).
Y probando la gastronomía francesa también tuvimos la oportunidad de probar la amabilidad (aquí llamada politesse) francesa. Sí, aquí a la gente se le da por hablarle a los desconocidos, y para eso tienen una estructura y unos pasos bien aprendidos que se repiten más o menos con alguna variación en todos los contextos (terraza de un restaurante, cafetería, bar de copas, metro...), hasta empiezo a plantearme que realmente aprendan todo esto en el colegio. La secuencia más o menos sería la siguiente.
Mientras hablas en tu lengua materna (en nuestro caso español, evidentemente) alguien se te pone al lado (toalla, asiento, mesa de al lado) "sin querer". Al cabo de 5 minutos empieza el proceso:
- Perdonad, ¿no sois de Francia verdad?. Pues vaya, nos ha salido inteligente, sabe diferenciar su idioma de los otros.
- No, no somos de aquí.
- ¿España? (bien, inlcuso sabe diferenciar acentos). Si.
- Ah, ¡España! ¿Madrid? ¿Barcelona? (y yo en estos momentos no es que no sienta orgullo de mi tierra, pero como ella dice que es de Madrid, yo ya no explico en principio nada, pues si no pasaríamos a la fase de explicar la geografía española, y una vez pase, más ya me aburre).
- A partir de aquí se pasa por un momento de más o menos duración en el que se puede acabar terminando sobre economía francesa, las diferencias salariales entre España y Francia (si es que me voy a sacar un doctorado en lenguaje técnico), psicología lacaniana (esta fue de ayer por la noche), gramática y sintaxis francesa (aunque también hay quien se empeña en hablarte o en inglés o en plan indio: yo comer,¿ tú querer?), vocabulario en español (todo el mundo sabe alguna palabra y cuando te la dice tu tienes que responder "ah, oui, paella" como si te estuviera interesando), y finalmente la amabilidad en Francia. Sí, los franceses en contra de lo que el mundo piense son muy amables (te pueden perdón unas 20 veces por hora) pero del inicial "perdón" "usted" al "tú" "te podría invitar a una copa" hay un paso. Es una pena que el alcohol aquí sea tan malo (propongo a alcohólicos anónimos que hagan una terapia de choque aquí, todo el mundo dejaría de beber) aunque a lo mejor es por ese pésimo sabor que tienen aquí los cubatas que la gente a las 2 de la mañana se retira, no me extraña, serían incapaces de tragar algo más.
a) apuntarlo y utilizarlo en un futuro si lo necesitas, (por el interés te quiero Andrés).
b) apuntarlo a sabiendas de que no lo utilizarás nunca, pero quedas bien, y
c) "no, no quiero tu número de teléfono, gracias" (ese gracias es importante, que se note que nosotros somos también educados).
La reacción a las dos primera situaciones del que te da su número suele ser de satisfacción (una media sonrisa), a la tercera es la incredulidad ¡no me puedo creer que no quieras mi número! seguida de una explicación por mi parte: mira, podría decirte que te voy a llamar pero no es cierto, así que directamente prefiero decirte que no lo quiero. La cara del interlocutor sigue siendo un problema. Y yo me pregunto ¿somos los españoles los raros y solo nosotros rechazamos números de teléfono?.
3 comentarios:
Pero..pero..pero....haz el favor de dejar de romper corazones franceses...que te cuesta apuntarlo y borrarlo al día siguiente y hacer feliz a los franchutes? Así somos más felices los españoles...jajaja, no damos nuestro numero...pedimos el del otro...juajuajua.
Ah mi carroza....está a punto de estra lista...lenaré de barro la tuya antes de llevartela...
;-))
Si por favor, ensúciamela un poco y que parezca que ha recorrido medio mundo (los vecinos tienen que estar alucinando con mi ausencia). Espero que le hayas aumentado kilometraje!!! Que si no el de la itv se va a reir de mi (otra vez).
jajaja, no te preocupes si al final siempre se rien de mi q soy la que va al volante......
Publicar un comentario