Después de tres días con los pies aposentado en el mismo lugar, comienzo a terminar con las secuelas de estas semanas de vacaciones. Básicamente, estas suelen traducirse todos los años no sé cuantas toneladas de colada que después deben de pasar por el ritual de la plancha. No me gusta, pero es lo que hay. Recogiendo ahora la lavadora número 3012, me he acordado de este fin de semana que culminó con una boda en París, aunque lejos del glamour que muchos se creen. Además, me ha servido para comprobar que siempre hay una primera vez para todo: primer amigo del "grupo" que se casa y además, primera colada en el Sena. Extraño, pero como no, con su explicación.
Todo empezó el viernes cuando decidí coger un avión rumbo al bodorrio, 2 aviones más tarde y un taxi después, estaba en mi casa provisional (también llamado hotel) preparando todo para el día siguiente, 8 horas de sueño (que para mi eso no es nada pero pienso en que al día siguiente tendré todo el día para descansar) y al despertame me doy cuenta de que me faltan todavía algunas cosas (prescindibles, es cierto, pero si las tenía mejor que mejor).
Así que me fui a dar una vuelta y de repente me encontré en un Carrefour (si es que ya sabía yo que mi gran amigo no me podía abandonar ni siquiera este fin de semana). Paseo por aquí, paseo por allá alguna compra... y vuelta al hotel. Una vez allí, compruebo con estupor que todo lo que necesito llevar a la boda (cámara de fotos, móvil, llaves, kleenex y dinero no coge en el pequeño receptículo portátil que tengo...) Así que como me sobra el tiempo, vuelta al centro comercial, nuevas compras, más compras y aparentemente todo sería fácil de solucionar. Peeeero no, el receptículo es minúsculo, así que recuerdo aquello de que hay que organizar el espacio, así que con mucha táctica y estrategia (y no de la que a algunos les gusta) todo acaba encajando optimizando así el espacio disponible.
Siguiente misión: vestirme sin requerir ayuda de 2º (que no terceros) y prepararme. Todo va bien... hasta que empieza a ir mal, e igual que para las corbatas necesitas un experto que te haga el nudo, para algunos botones necesitas a alguien que tenga unas manos habilidosas y una vista de lince... un cabreo y medio después, y cuatro juramentos decido que es inútil seguir perdiendo el tiempo, salgo corriendo (como no, si no dejaría de ser yo) y acabo en recepción a carcajada limipia (de la vergüenza, cabreo y prisa) pidiéndole a una amable señorita que por favor me socorra con los dichosos botones. Es lo que tiene no llevarse acompañante a la boda, que tienes que pedir este tipo de favores (a la vez que esperas que por la noche con eso de que tienes todo el tiempo del mundo no tengas que llamar a recepción a las mil de la madrugada para que suban a ayudarte con la ropa...).
Apurando por la calle, llego al lugar de la boda (afortunadamente rápida y sin necesidad de rezos ni cantos). Comida de 3 a 11 de la noche (si es que los españoles llevamos nuestras tradiciones a donde haga falta,y si es necesario juntar la comida-sobremesa-merienda-cena eso lo hacemos en cualquier país), bebida, baile (por mucho que al novio le pesara, soy consciente de ello) y nos vamos a tomar algo "ahí al lado" (palabras textuales del novio que se tradujeron en media hora a pie, con el consiguiente sufrimiento de las chicas que llevaban esos zapatos glamourosos a la par que infernales. Un poco de bebida, paseo hasta el hotel (sí, también "ahí al lado") y cuando yo iba soñando ya con mi cama de dos metros de ancho, sábanas blancas y dos almohadas (fundamentales para mi descanso nocturno), me proponen quedar a las 8.30 de la mañana para ir de visita por la ciudad... Miré el reloj, y al darme cuenta de que eran las 2 de la madrugada mi sueño de dormir profundamente hasta tarde se vio roto en mil pedazos. Aún así, como en estas ciudades no se está más que una vez al año, tomé la decisión de dormir poco para aprovechar el día siguiente antes de irme al aeropuerto. Hice la maleta y a eso de las 3 de la mañana me acosté, sin querer pensar en que no dormiría ni 5 horas y que al día siguiente me esperaba patear parte de esta ciudad y parte de la capital de España por la tarde...
La visita por París la verdad que fue bien... hasta que comprobé inquívocamente que la costumbre de dejar que los perros hagan sus "deposiciones" en medio de la calle sin que a sus dueños les importe, había afectado a uno de mis playeros y pantalón. Con cara de cirscunstancia y algo de repugnancia, decidí que si los franceses habían permitido que esto me ocurriera, yo no tendría ningún reparo en dejarles mi regalo, así que me fui a la orilla del sena y me puse a hacer la colada de mi zapato en medio del río. Y si, esta es la historia de como hice la colada por primera vez en el Sena a su paso por París.
Lo bueno es que si es cierto eso de los dichos populares, yo creo que he acumulado suerte para muuucho tiempo. En ese momento me veía ya tocándome el euromillón (lástima que al ser domingo no hubiera sitios abiertos para echarlo)... Sin embargo como 3 horas más tarde se nos cruzó un cuervo negro (de los que dicen que traen mala suerte), aunque en comparación con lo que había pisado, el tamaño de ese cuervo no podía anular toda la buena suerte. Así que imagino que todavía me queda alguna como para que este año por navidad me toque no el gordo, pero si la pedrea.
Y tras 48 horas en la capital francesa, aquí estoy, recogiendo los playeros que evidentemente nada más llegar se fueron directamente a la lavadora para eliminar cualquier resto canino que pudiera todavía tener.
Todo empezó el viernes cuando decidí coger un avión rumbo al bodorrio, 2 aviones más tarde y un taxi después, estaba en mi casa provisional (también llamado hotel) preparando todo para el día siguiente, 8 horas de sueño (que para mi eso no es nada pero pienso en que al día siguiente tendré todo el día para descansar) y al despertame me doy cuenta de que me faltan todavía algunas cosas (prescindibles, es cierto, pero si las tenía mejor que mejor).
Así que me fui a dar una vuelta y de repente me encontré en un Carrefour (si es que ya sabía yo que mi gran amigo no me podía abandonar ni siquiera este fin de semana). Paseo por aquí, paseo por allá alguna compra... y vuelta al hotel. Una vez allí, compruebo con estupor que todo lo que necesito llevar a la boda (cámara de fotos, móvil, llaves, kleenex y dinero no coge en el pequeño receptículo portátil que tengo...) Así que como me sobra el tiempo, vuelta al centro comercial, nuevas compras, más compras y aparentemente todo sería fácil de solucionar. Peeeero no, el receptículo es minúsculo, así que recuerdo aquello de que hay que organizar el espacio, así que con mucha táctica y estrategia (y no de la que a algunos les gusta) todo acaba encajando optimizando así el espacio disponible.
Siguiente misión: vestirme sin requerir ayuda de 2º (que no terceros) y prepararme. Todo va bien... hasta que empieza a ir mal, e igual que para las corbatas necesitas un experto que te haga el nudo, para algunos botones necesitas a alguien que tenga unas manos habilidosas y una vista de lince... un cabreo y medio después, y cuatro juramentos decido que es inútil seguir perdiendo el tiempo, salgo corriendo (como no, si no dejaría de ser yo) y acabo en recepción a carcajada limipia (de la vergüenza, cabreo y prisa) pidiéndole a una amable señorita que por favor me socorra con los dichosos botones. Es lo que tiene no llevarse acompañante a la boda, que tienes que pedir este tipo de favores (a la vez que esperas que por la noche con eso de que tienes todo el tiempo del mundo no tengas que llamar a recepción a las mil de la madrugada para que suban a ayudarte con la ropa...).
Apurando por la calle, llego al lugar de la boda (afortunadamente rápida y sin necesidad de rezos ni cantos). Comida de 3 a 11 de la noche (si es que los españoles llevamos nuestras tradiciones a donde haga falta,y si es necesario juntar la comida-sobremesa-merienda-cena eso lo hacemos en cualquier país), bebida, baile (por mucho que al novio le pesara, soy consciente de ello) y nos vamos a tomar algo "ahí al lado" (palabras textuales del novio que se tradujeron en media hora a pie, con el consiguiente sufrimiento de las chicas que llevaban esos zapatos glamourosos a la par que infernales. Un poco de bebida, paseo hasta el hotel (sí, también "ahí al lado") y cuando yo iba soñando ya con mi cama de dos metros de ancho, sábanas blancas y dos almohadas (fundamentales para mi descanso nocturno), me proponen quedar a las 8.30 de la mañana para ir de visita por la ciudad... Miré el reloj, y al darme cuenta de que eran las 2 de la madrugada mi sueño de dormir profundamente hasta tarde se vio roto en mil pedazos. Aún así, como en estas ciudades no se está más que una vez al año, tomé la decisión de dormir poco para aprovechar el día siguiente antes de irme al aeropuerto. Hice la maleta y a eso de las 3 de la mañana me acosté, sin querer pensar en que no dormiría ni 5 horas y que al día siguiente me esperaba patear parte de esta ciudad y parte de la capital de España por la tarde...
La visita por París la verdad que fue bien... hasta que comprobé inquívocamente que la costumbre de dejar que los perros hagan sus "deposiciones" en medio de la calle sin que a sus dueños les importe, había afectado a uno de mis playeros y pantalón. Con cara de cirscunstancia y algo de repugnancia, decidí que si los franceses habían permitido que esto me ocurriera, yo no tendría ningún reparo en dejarles mi regalo, así que me fui a la orilla del sena y me puse a hacer la colada de mi zapato en medio del río. Y si, esta es la historia de como hice la colada por primera vez en el Sena a su paso por París.
Lo bueno es que si es cierto eso de los dichos populares, yo creo que he acumulado suerte para muuucho tiempo. En ese momento me veía ya tocándome el euromillón (lástima que al ser domingo no hubiera sitios abiertos para echarlo)... Sin embargo como 3 horas más tarde se nos cruzó un cuervo negro (de los que dicen que traen mala suerte), aunque en comparación con lo que había pisado, el tamaño de ese cuervo no podía anular toda la buena suerte. Así que imagino que todavía me queda alguna como para que este año por navidad me toque no el gordo, pero si la pedrea.
Y tras 48 horas en la capital francesa, aquí estoy, recogiendo los playeros que evidentemente nada más llegar se fueron directamente a la lavadora para eliminar cualquier resto canino que pudiera todavía tener.
2 comentarios:
solo a ti te puede pasar todo eso...seguro q no podias comprar loteria en algun sitio????
Ah y es básico si al vestirte no podias con los botones llevarte a un buen mozo q te ayudase a desvestirte...total si al final apenas dormiste, por lo menos disfrutar......de los botones...jeje
;-)))
no pasa nada, es que esta vez solo me avisaron con un par de meses de antelación y mis candidatos estaban algo liados, pero la proxima vez con tiempo hago un casting en toda regla. La prueba de fuego será la de abrochar/desabrochar botones, quien lo haga más rápido y más mejor será el elegido. Así que quienes quieran que empiecen a practicar!!! Se valorarán también los conocimientos de idiomas, pq me huelo que la próxima será también internacional.
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