Llevarse como perro y gato // los amores reñidos son lo más queridos // los polos opuestos se atraen //. Desde mi más tierna infancia he tenido problemas para comprender ese tipo de frases y saber explicarlas (aún hoy en día dudo con muchas de ellas, pero poco a poco voy mejorando en ello).
El caso es que una vez más, la práctica es lo que te da clave. Mis queridos León y Niquita se quieren con locura, juegan juntos, comen la misma comida ... pero a veces todo eso se convierte en una relación de amor-odio que vista desde fuera en parte te hace reír, aunque si te pilla en el medio te hace menos gracia (por si acaso te puedes llevar un golpe por el camino). Dicen además los refraneros populares, que los bichos se parecen a sus dueños, y si todas las relaciones amo-dueños son como la que estoy viviendo, desde luego es verídico. En esta casa es el perro el que manda (también tiene más años) mientras que el gato (joven e ingenuo de 4 meses) pasa más desapercibido, hace como que no se entera de nada pero cuando menos te lo espera... salta con algo, disparidad de opiniones e intereses (en función de la especie). El perro es más dependiente y el gato ha decidido pasar más del tema, el perro se ha convertido en el centro de atención, y al gato le prestan atención cuando hace una de las suyas o parece ser más débil frente al perro.
Pues ahora imaginemos esto mismo pero personificado y eso es lo que estoy viviendo: una pareja en crisis, una mujer que como se suele decir "lleva los pantalones", un hombre dedicado a la tareas domésticas, una disputa inútil y alguien que ha abandonado la casa de manera indefinida (por lo que se vive con cierto grado de tensión en el aire), gente que entra y que sale, familia que viene y se va...
Y pensar que yo quería un lugar de vacaciones relajado... En fin, por el momento me lo seguiré tomando todo con filosofía ya que todo lo que se asemeje a problemas dentro del seno familiar es mejor dejarlos para la vuelta de las vacaciones.
El caso es que una vez más, la práctica es lo que te da clave. Mis queridos León y Niquita se quieren con locura, juegan juntos, comen la misma comida ... pero a veces todo eso se convierte en una relación de amor-odio que vista desde fuera en parte te hace reír, aunque si te pilla en el medio te hace menos gracia (por si acaso te puedes llevar un golpe por el camino). Dicen además los refraneros populares, que los bichos se parecen a sus dueños, y si todas las relaciones amo-dueños son como la que estoy viviendo, desde luego es verídico. En esta casa es el perro el que manda (también tiene más años) mientras que el gato (joven e ingenuo de 4 meses) pasa más desapercibido, hace como que no se entera de nada pero cuando menos te lo espera... salta con algo, disparidad de opiniones e intereses (en función de la especie). El perro es más dependiente y el gato ha decidido pasar más del tema, el perro se ha convertido en el centro de atención, y al gato le prestan atención cuando hace una de las suyas o parece ser más débil frente al perro.
Pues ahora imaginemos esto mismo pero personificado y eso es lo que estoy viviendo: una pareja en crisis, una mujer que como se suele decir "lleva los pantalones", un hombre dedicado a la tareas domésticas, una disputa inútil y alguien que ha abandonado la casa de manera indefinida (por lo que se vive con cierto grado de tensión en el aire), gente que entra y que sale, familia que viene y se va...
Y pensar que yo quería un lugar de vacaciones relajado... En fin, por el momento me lo seguiré tomando todo con filosofía ya que todo lo que se asemeje a problemas dentro del seno familiar es mejor dejarlos para la vuelta de las vacaciones.
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