Imaginemos un muelle y pongamos al principio de ese muelle una pequeña bolita. Empujamos la bolita desde la cima y esta se va deslizando por todo el muelle dando vueltas, siempre pasa más o menos por el miso sitio solo que una arandela más abajo, así hasta llegar al final. Pues bien, he llegado a la conclusión de que nuetras vidas son como espirales, muelles o como queramos llamarlo, que siempre, repetimos más o menos las mismas acciones aunque siempre un poco más lejos del principio y más cerca del fin.
¿Y a donde quiero llegar yo con todo esto? Pues a que estoy más lejos del inicio de mis vacaciones y más cerca del fin. Empiezo a notar el síndrome postvacacional, la nostalgia de levantarme algo más tarde de lo habitual, la tranquilidad de las tardes y el relax de ir por la calle simplemente por dar una vuelta. ¿Y cuál es esa acción que me ha recordado a la espiral que decía? Pues el tener que hacer la maleta otra vez, solo que para volverme a casa (es decir, tengo que pasar por el mismo proceso que hace un mes, situando este hecho más lejos del inicio de las vacaciones y más cerca del fin), y no me apetece NADA.
Tengo ya todo más o menos metido, y digo más o menos porque por alguna extraña circunstancia que ya preveía, no me cabe todo en la maleta. Asumí ya que seguramente tenga que pagar exceso de peso, pero lo que no tengo en absoluto asumido es que vaya a tener que llevarme a mayores dos mochilas, no, no, no. Eso no puede ser. Y no puede ser principalmente por la sencilla razón de que no tengo un vuelo directo (aunque esta vez sólo con una escala, algo es algo), con lo cual tengo que andar pendiente de tanto maletoncio durante todo un día (y muchas horas en Barajas). He sacado dos veces la ropa de la maleta, la he vuelto a meter, y eso se niega a caber, a sí que no sé si quemar alguna de la ropa o qué hacer. Otra opción sería dejar aquí la mitad de los regalos y souvenirs (el próximo año todo el mundo se llevará una postalita y a tomar viento), peor ya que me gasté el dinero, sería tontería dejarlo aquí.
Solo me quedan dos aviones (solo dos riesgos de que me pierdan la maleta, todavía están a tiempo), una comida familiar en Madrid (si es que hay que aprovechar hasta el último minuto) y estaré en mi casa de nuevo (aunque por mi prolongaría mi estancia fuera).
Sé que me quedan cosas por contar de las últimas semanas, lo haré desde mi casa o simplemente no lo haré, según como ande de tiempo. Por el momento toca ya apagar el ordenador, seguirme peleando con la dichosa maleta, y el próximo post lo escribiré ya desde mi propio escritorio.
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4 comentarios:
Recuerda que para disfrutar y apreciar lo bueno de las vacaciones es necesario trabajar para percibir esa diferencia....y no te preocupes, ya falta menos para las próximas.
Bienvenida a tu vida habitual.
Qué poética y filosófica te encuentro! "Nuestras vidas son como muelles que van a dar al final..." (uhm, me suena de algo)
Je, je, creo que estas vacaciones te han sentado estupendamente! Bienvenida!
Ah! Voto por que sigas contando tus andanzas en esta página....
Estoy de acuerdo con Tgd, muy metafísica te veo, me ha encantado la analogía. Yo también desearía que continuara con este blog.
Pero piensa que tú vuelves con la maleta y yo estoy melancólica porque me marcho (¡¡y no quiero!!).
Bienvenida a casa :-)
Jajaja, efectivamente tgd, te puede sonar a algo. Juraría que el original tiene que ver con los rios y los mares... y no los peces
Realmente es un fragmento muy socorrido para mi desde que lo aprendí ya en el colegio (debe ser lo único que recuerdo de mis clases de literatura) y que utilizo tanto para un roto como para un descosido. Imagino que se me acordó porque hace como un mes tuve que utilizarlo (con su correspondiente traducción) para una de mis famosas redacciones de estos meses... Pero prometo que en esta ocasión lo utilicé inconscientemente.
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