domingo, 3 de agosto de 2008

Aeropuerto

Después de hacer el pasaporte (que por cierto, ¡tiene hojas! sólo que le llaman digital porque la foto es escaneada), movilizar a los amigos por toda la ciudad en busca de los últimos productos que necesitaba (gracias por la paciencia que mostraron algunos), y enfrentarme a la maleta (y no es una metáfora ya que tuve que echarme encima de ella para que cerrara); después de todo eso llegó el momento aeropuerto.

Aunque los aeropuertos son un lugar de tránsito para todo el mundo y en donde si tienes suerte no permaneces mucho tiempo, realmente son lugares llenos de anécdotas que según el punto desde el que se mire (desde aquel del que la sufre, o el que la observa), pueden tener más o menos gracia. Considero que si nos fijáramos atentamente, podríamos incluso extraer buenos agumentos para luego escribir un libro (de hecho, no es nada nuevo, esto existe ya). Realmente un aeropuerto puede ser una buena representación de la tierra sólo que a menor escala: en un espacio reducido se juntan muchísimas nacionalidades, tantas que ni siquiera me atrevo a dar un número aproximado pues sé que andaría lejos de la realidad.

Uno de mis miedos (o inquietud) a la hora de tener que viajar en avión es el hecho de poder perderme: afortunadamente las estancias están señalizadas mediante dibujos más o menos iguales en todos los países, y el proceso que se ha de seguir es siempre el mismo (llegar, buscar el mostrador de facturación, embarcar, etc, etc). No obstante, siempre ocurrirán cosas que al menos te hagan perder la calma durante unos breves segundos, en mi caso no iba ser menos.

El hecho de tener que coger varios aviones aumenta la posibilidad de que suceda algo (por lo menos no llegó eso tan temido de que me pierdan la maleta, ni tampoco el tema retrasos, aunque todavía estoy a tiempo). Aún así...:

Aeropuerto 1: ¿ la tarjeta de embarque? Llego con tiempo, no hay cola y en cuestión de 10 minutos tengo facturado. Hago tiempo antes de ir a pasar el control de seguridad, le entrego mi billete electrónico:
-Señorita muy amablemente: ¿y su tarjeta de embarque?
-Yo (con cara de circunstancia) - pienso: ¿cómo?- digo: Eso es lo que tengo, billete electrónico, la maleta facturada y el comprobante de haberla facturado ahí pegado. (Prometo que no me habían dado nada más)

Evidentemente la señorita no me deja pasar y me envía a reclamar mi tarjeta de embarque en información, de ahí a facturación nuevamente y cuando el hombre me ve con cara de ¡ups! me dice: Es que me olvidé de darte esto, te iba a llamar si no venías. (Ahora entiendo por qué te piden el teléfono cuando haces la reserva).
En fin, vuelvo para embarcar: saco líquidos, ordenador, lo pongo todo en una bandeja y que no vale, el ordenador en un sitio, su bolsa en otro, y los líquidos, metales etc en otro más... ¡qué complicación! Al menos los policías esta vez tenían paciencia....

Aeropuerto 2: "la información no es correcta". Después de recorrer durante 20 minutos la T4, recoger mi equipaje... me dirijo a facturarlo nuevamente (si hasta le acabaré cogiendo gusto a esto). Compruebo el vuelo y en la pantalla de información me indican que debo de ir hacia la zona de Puente Aéreo. Nueva caminata y cuando llego al mostrador ¡oh! ¡sorpresa!:
-Amable señorita: no, aquí no es, eso es un vuelo regular, diríjase a cualquier mostrador de Iberia"
-Yo (con cara de desconcierto): Pero en la pantalla pone Puente Aéreo.
-Amable señorita: sí, pero estará confundido, debe de ir a cualquier mostrador 800 (Está bien, daré la vuelta)
-Simpático señorito: no, aquí no es, esto es de puente aéreo, es por aquel pasillo.
-Yo (con cara de esto es una broma): Yo también lo creía, pero vengo de allí y me dijeron que e una confusión, que tengo que facturar en vuelo regular.
-Simpático señorito: a ver, usted cuando tramitó el billete, escogió puente aéreo o vuelo regular.
-Yo (con cara de y a mí que me dices): Pues no lo sé, lo único que sé es que yo cogí un billete de aquí a allá y tento que hacer escala en Barcelona, si hasta allí es un puente aéreo, vuelo regular o iré en globo no lo sé....
-Simpático señorito (risas): ah, bueno, sí, estos de puente aéreo... (bla,bla,bla), entonces a ver, es aquí. (Equipaje facturado, yuju!)

Entre idas y venidas, se me ha pasado el tiempo, así que tengo que ir a embarcar (y volver al ritual de desarmar todo lo que llevo encima). Miro por una puerta... y buff, ahí estaré al menos media hora... ¿y por puente aéreo? Decido arriesgarme (¿no escarmentaré?), vuelvo al lugar de los hechos (o mejor dicho no-hechos), no hay gente (uy... creo que tendré que dar vuelta), pongo cara de inocente y... "¿puedo embarcar por aquí a este vuelo?" A lo que una simpática guardia de seguridad me dice que sí, incluso me ayuda a colocar todo en las bandejas y me lleva una de ellas hasta la cinta (¡por dios, que le suban el sueldo! ¡esto es amabilidad!). Una vez dentro me pregunto... ¿y si puedo entrar por aquí por qué tengo que facturar en la otra punta?. En fin, tengo prisa, no puedo pensar más.

Aeropuerto 3: son las dos y media de la tarde, tengo hambre y me estoy perdiendo la carrera de F1. Justo en uno de los bares del aeropuerto hay una pantalla grande en donde retransmiten la carrera. Cojo algo rápido para comer, y me siento en una mesa en donde no hay nadie más. Al cabo de un rato, un italiano me pregunta si la silla de al lado está vacía, así que se sienta al lado, se sorprende cuando le digo que Ferrrari va primero en la carrera (si, y más nos sorpendimos cuando a tres vueltas de la final se le rompió el coche al pobre de Massa). Nos ponemos a hablar. Esto es algo que me gusta de los aeropuertos. Muchos viajamos solos y cuando es así, se produce una extraña complicidad entre aquellos desconocidos que jamás se han visto pero que tienen ganas de hablar con alguien en su misma situación después de haber pasado X horas callado en un avión. Necesitamos hablar con alguien, de lo que sea, da igual: política, deportes, la vida habitual, qué nos ha llevado hasta allí... algo.

Me entretengo en la conversación y... ¡uy! me tengo que ir, mi vuelo no esperará. Estando en la sala de espera para embarcar (por tercera vez en menos de 8 horas) me pongo a observar y me doy cuenta de algo... Si yo propusiera a quien me está leyendo, hacer un ejercicio de imaginación en el que hubiera que visualizar un pasillo de un aeropuerto ¿cómo te imaginarías ese pasillo? ¿con o sin ruido? Seguramente a la mayoría de la gente se le vendría a la mente una imágen y acompañada esta de un barullo o el murmullo de los que le rodean. La realidad (que casi nunca nos paramos a observar) es muy diferente, incluso podría decirse que reina el silencio (exceptuando al niño que está cansado y llora porque es ya su hora del biberón). Sorprendente ¿no?

Conversaciones: Afortunadamente no tengo miedo a volar, no me suelen molestar los oídos a causa de la presión, y me encanta mirar por la ventana y ver entre las nubes el paisaje que queda a tantos quilómetros. Sin embargo sí algo que de manera irracional me da un poco de yu-yu: las instrucciones a seguir en caso de emergencia (no me hace nada de gracia ver ejemplificando el modo de ponerse un chaleco salvavidas o por donde está la salida más próxima). En esos momentos intento distraerme mirando la ventana observando las alas del avión (por ejemplo), poner el mp3, o coger una revista de estas que te dejan gratuitamente y en donde puedes ver los mejores lugares de Budapest en los que tomar un café por el precio de 15€... Sabes que no vas a ir allí proximamente (y que de ir, no pagarás ese dinero), pero lo lees igual.
Pero sin embargo, aunque te esfuerces por ignorar ese famoso mensaje de...en caso de emergencia... (reconozco que sólo atendí una vez por si algún día me hacían falta, que espero que no), la pareja que tienes al lado insiste en ir contando todos los pequeños incidentes de por ejemplo el último año:
-Señora del asiento E: pues cuando iba para Canarias el avión pasó por unas turbulencias...
-Yo en el asiento F -pensando- vale, lo siento, pero no me interesa, intento no pensar en ello.
-Señora del asiento E: y cuando iba hacia Barcelona el tren de aterrizaje hacía ruido... pensaba que estaba estropeado.
-Yo en el asiento F - pensando- : ¡por dios, que alguien baje a la gafe del avión!
En fin, que después de 10 horas de la ceca pa la meca, llego a mi destino. No beso el suelo porque imagino que lo habrá pisado muchísima gente. Tan sólo me queda coger un taxi e irme a la que será mi casa durante una temporada. ¿qué será lo próximo con que me encuentre?

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