- Mucha gente en poco espacio. Según las últimas estadísticas y publicaciones las familias de hoy en día están constituidas por una media de 2,9 miembros, (como no entiendo esto de partir personas en trocitos, redondearé a 3). Imaginemos además que los pisos de las familias, tienen una media de 75 m cuadrados (así compenso entre las estadísticas que dicen que son de 98 m y aquellos famosos minipisos de 30). El caso es que si dividimos, nos encontramos con una media de 25 metros para cada persona. Pero, ¿qué ocurre llegadas las vacaciones? Pues que nosotros somos de la vieja escuela, y nos empeñamos con que donde caben 3 de repente caben también 12 (casi siempre es multiplicar por 4). Así que pasamos a disponer de tan sólo 6 metros (contando los espacios comunes de cocina, baño, pasillos y balcones). Dicen que el roce hace el cariño... así que digamos que lo que he hecho durante estos días es fortalecer los lazos familiares.
- Comilonas: en mayor o menor medida, a todos nos gusta comer, no lo podemos evitar, nuestra cultura (que en mi caso tiene su máxima representación en la figura de mi abuela), nos lo impone. Por eso, si generalmente sólo comemos dos platos, cuando estás en casa de un abuelo llegas incluso al 3º, 4º, 5º, eso sin contar con los entrantes (con los que cualquiera ya comería), y las 4 variedades de postre a la vez que escuchas el comentario de... "¿oh? ¿es que no está bueno? ¿te preparo un huevo frito?". Al segundo día dices que no vas a comer más, de hecho no te crees capaz de digerir toda esa cantidad que te has tragado, y te imaginas teniendo que ayunar durante toda una semana (al más puro estilo serpiente).
- A dormir... Derivado del primer punto nos encontramos con el punto débil de ¿cómo vamos a dormir?. Aquí he de confesar mi admiración por los españoles, que somos capaces de acoplarnos en un espacio mínimo sacándole un máximo rendimiento al igual que si fuéramos piezas de tetris (¿cuántos dicen que pueden viajar en un 600?). Esto supone una reorganización increíble del espacio (al más puro estilo IKEA).
- Se apartan todas las mesas de la sala se arriman los sofás hacia la ventana y se colocan en el suelo dos colchones pequeños, ahí caben por lo menos tres personas (eso sí, pasarán calor y el del medio acabará tocando suelo cuando los colchones se separen):
- En el comedor abres una puerta y ¡oh! aparece una cama mueble (de estas que te machacan la espalda, pero no es plan de ponerse exquisito, tendrás suerte si no la tienes que compartir)
- Los más jóvenes se van a dormir a casa de amigos/vecinos y ceden sus camas a los de edad más avanzada.
- Unos cuantos sacos de dormir te permiten aprovechar mucho suelo (eso sí, duermes con el miedo de que por la noche alguien te pise mientras pretende sortear obstáculos para llegar al baño sin encender la luz para no despertar a nadie).
- Y si sigue faltando espacio, siempre se puede sortear a quién le va a tocar dormir en la bañera esa noche, o mucho peor: en el balcón.
Pero en el fondo y aún con todo te gustan estas cosas (es importante no excederse en el tiempo y dosificar las raciones de familiares). Finalmente puede decir que ¡he sobrevivido! (y sé que seguiré haciéndolo): tras 1 boda, 4 comilonas, una noche en una apacible cama y otras en una improvisación tipo IKEA, algún que otro desentendimiento (que no discusión), y varias horas de coche (y sin atascos ni demasiado tráfico)...; he vuelto a mi dulce hogar, o al menos a mi me parece dulce. Sólo me queda deshacer la maleta, organizar mi semana y... y pues ya se verá.
2 comentarios:
Uy pero que flojitos sois ahora los jóvenes! En mis tiempos, las vacaciones eran familiares y el viaje duraba todo un día. El papá conductor era el heróe del dia ya que como mínimo hacía dos viajes para poder llevar a los niños,los abuelos, las maletas y el perro. Las carreteras estaban mal asfaltadas y llenas de baches (que se coreaban al unísono) Y los coches ¡ay, aquellos coches!Recuerdo cuando habilitaban aquellos asientos traseros del C8 Familiar e ibas saludando alegremente a todo conductor que te seguía... No había aire acondicionado, se abrían las ventanillas y te abanicabas con el Mortadelo, Zipi y Zape o Lily....Y al llegar, la falta de espacio era lo que menos te preocupaba... total podías estar todo el día en el pinar o en la playa...¡qué tiempos! Y las comilonas eran necesarias para aguantar todo el día corriendo e investigando nuevos lugares... Y al final del día dormías hasta de pie...No, esta visto que los chicos de hoy os quejais por nada....
El ser humano es curioso: nos acostumbramos rápidamente a las comodidades, lo queremos todo rápido y ya, si en una hora podemos hacer dos cosas en vez de una mejor...
Después sin embargo echamos la vista atrás y:
-añoramos los baches,
-nos gustaban las comilonas cuando ahora dos tapas a la hora de la comida son más que suficientes,
-No nos llevamos al perro porque él también tiene un hotel para pasar las vacaciones.
-se desconocía la dirección asistida, nos encantaba bajar la ventanilla y sentir la brisa en nuestra cara. Ahora sin embargo nos encantaría que además de climatizador, bluetooth y sitio específico para el bote de la cocacola, el coche aparcara solo.
Hay cosas que sin embargo se mantienen y se mantendrán:
-seguimos comprando Mortadelo (por diferentes causas, incluso algunas bénéficas)
-No coreamos los baches, pero sí cantamos canciones infantiles, hasta nos atrevemos a versionarlas.
-Seguimos visitando la playa, y especialmente la montaña en donde se puede improvisar un picnic ¿quién no lleva un mantelito en el maletero?.
-Nos gustaría investigar,saber,averiguar muchas cosas...
No, queja... no... ¡reivindicación! ¡Por una vida más cómoda! jajajaja.
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